martes, 24 de abril de 2018


Por el centro histórico de Tuxtla



Primera de cuatro partes
© Detalle imperturbable. Templo de Santo Domingo. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (2000).

Ahora, durante el mes de febrero, el buen Roberto Ramos Maza, ha dejado sorprendidos a los tuxtlecos interesados, y a algunos intelectuales, hombres y mujeres, al ofrecer un pequeño ciclo de charlas sobre la ciudad. Ellas ilustradas con diapositivas del Tuxtla que el tiempo, el “desarrollo” y las autoridades se encargan día a día en sepultar. El ITAC, abreviatura que bien a bien no sabemos qué signifique, pero que forma parte del Municipio, y la Casa de la Cultura de Tuxtla Luis Alaminos Guerrero, presentaron las tertulias como “Tomemos el café y hablemos de Tuxtla con Roberto Ramos Maza”.

Roberto, para quienes no saben de él o no lo recuerdan, es el tipo flaco, alto, afable y de barba cerrada (aunque hace tiempo no se la deja); tuxtleco a más no poder. Es geógrafo de profesión, promotor cultural y del turismo, curador de museos, profesor universitario y conferencista. Ha sido funcionario cultural y otras yerbas, es autor de varios textos sobre geografía humana y patrimonio cultural de Chiapas, e incluso de varias lecturas para viajeros. Es, seguro, autor de un libro sobre el vecino Tabasco y, sobre todo, amigo encomiable.

La primera charla de la serie versó sobre los hitos de la historia de Tuxtla Gutiérrez, la segunda sobre el patrimonio perdido de la ciudad, la tercera sobre su patrimonio cultural contemporáneo, y la última intituló “El sendero de la memoria”. Para esta, la de hoy, pone el conferencista sobre-aviso a los presentes. Regresa a la primera conversación sobre la refundación de la Tochtlán San Marcos, la sucesiva formación de su plaza y templo principal, y su traza urbana original dividida en cuatro barrios. Cito: Santo Domingo en el Noroccidente, línea de La Chacona y San Fernando; San Jacinto en el rumbo Nororiental, dirección del Cañón del Sumidero y Chiapa de Corzo; San Andrés en el cuadrante Suroriental, camino al Zapotal y Cerro Hueco; y el barrio de San Miguel rumbo Suroccidental, orientado hacia la atalaya del Mactumatzá.

Sendero de la memoria.

Explica Roberto, que saldremos de la casa Alaminos, esquina de Primera Poniente y Segunda Norte. Nos ubicaremos al frente del templo de Santo Domingo, regresaremos por la misma calle, caminaremos hasta la esquina de Tercera Norte y continuaremos por ahí hasta el Mercado de las Flores. Doblaremos por la Segunda Oriente hasta la Avenida Central, detrás de los palacios del gobierno, quebraremos ahí y avanzaremos a la Tercera Oriente, sitio del Hotel Brindis. Continuaremos hacia la esquina de Segunda Sur, donde doblaremos a la derecha, hacia la Segunda Oriente.

De ahí torceremos hacia el Norte, hasta el estanco de la Lotería Nacional, Primera Sur. Después rodearemos desde atrás, la catedral de San Marcos, y continuaremos por la misma avenida, luego del atrio. Seguiremos por ahí, hasta la esquina de Segunda Poniente, avanzaremos por ella hacia el Norte, cruzaremos nuevamente la Avenida Central y nos detendremos frente al segundo antiguo Palacio Municipal. Después avanzaremos a la esquina de Primera Norte, seguiremos una cuadra hacia el Oriente, y a la izquierda voltearemos hacia la plazuela de Santo Domingo. Cierre del recorrido.

Son las siete de la noche en punto. Un par de advertencias lanza nuestro súper-guía, pues el centro histórico de la ciudad hoy es un vasto basurero obscuro, intríngulis vial, tierra de nadie, y parapetos policiales. Ciudad sucia, descuidada y en escombros como nunca. ¡Tengan cuidado con el tráfico!… Comenzamos.

Barrio de Santo Domingo.

Vamos a la iglesia de Santo Domingo, posamos frente a su portada, y es ahí que la redescubrimos: edificación ecléctica y de rasgos populares, construida a inicios de la Colonia, probablemente la más antigua de la ciudad. Volteamos hacia la plazuela de junto, tan sólo para ratificar lo de siempre: penumbra, suciedad, comercio ambulante y una tortería que, iniciada con una sombrilla en los años ochenta del siglo pasado, hoy invade su espacio con una caseta de concreto. A ciencia y paciencia del Ayuntamiento. Ahora vamos a la esquina de Segunda Poniente y Tercera Norte y… ¡Gran sorpresa! Tres de sus esquinas aún conservan las casas antiguas, de buen gusto, características de la vieja ciudad. Se ven descuidadas y derruidas, aunque… ¡Nada que no pueda arreglar una pequeña intervención profesional!, según exclama Roberto. Ojalá inversionistas modernos las compraran, para, conservando su estilo, transformarlas en verdaderos aparadores arquitectónicos.

Continuamos por la Tercera Norte y, justo a unos pasos, dos o tres casas medianas, provistas aún de sus portones originales, nos aguardan. Hay en ellas, puertas y ventanas hermosas, techos de teja, protecciones primorosas en hierro forjado, e incluso algún detalle inusual: una de ellas, a la mano izquierda, mediana y antigua, fuerte, aunque descuidada, luce aún sus números cinco y 125, primigenios, aunque de épocas diferentes. Es una lástima que la casona de la acera izquierda, entre Segunda Poniente y Calle Central, recién la hayan demolido, según descubrimos ahora. Por fortuna alguien recuerda su fachada. El de la voz informa: “lucía de izquierda a derecha un portón señorial, una puerta de cuatro hojas y dos ventanas; todo en carpintería de la mejor calidad, y ya no se digan, sus dignas protecciones de fierro, a medias de herrería artesanal y fierro fundido”.

Mercado de las flores.

Cruzamos la Calle Central, vamos hacia la Primera Oriente y sobre la acera derecha vemos una casa de factura reciente, iluminada. ¡Justo lo que quería mostrarles! Dice Roberto. Miren esto. ¡Sí es posible! A pesar de ser una casa nueva y moderna, su arquitectura armoniza con el centro de la ciudad; entra en composición con la arquitectura del paisaje. Pero avanzamos un tanto y entonces… ahora sí ¡Vemos el tercer horror! Tercero pues el primero es la franquicia rojiamarilla del antiguo Cine Alameda y el segundo el de la Primera Oriente. Nos referimos a la tienda Súper Extra de la esquina frente al mercado. Razón por la que alguien atrás comenta: ¡Vaya! ¡Gracias a Dios que el Mercado 20 de Noviembre, sigue igual y en su lugar!

Comento que es probable en tiempos antiguos, el cuarto de manzana que ocupa el Mercado de Las Flores, haya sido un gran patio sombreado por una ceiba o por un chicozapote inmenso; una especie de parador para la carga y descarga de las carretas y acémilas, y la pensión y hospedaje de los comerciantes, pero Roberto dice que no. ¡Que no ha visto ese dato en ninguna parte!

Retroalimentación porfas. cruzcoutino@gmail.com

© Detalle imperturbable. Templo de Santo Domingo. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (2000).

martes, 17 de abril de 2018

Desde la tierra caliente a Los Altos

Parte décima tercera


                   © ¡Pero qué irresponsabilidad! Camino a San Bartolomé Rayón, Chiapas (2017).




Incluso un tiradero formal, pestilente, se observa a la izquierda, “armonizado” sin embargo, dirían los eruditos, con la basura expresada por los anuncios publicitarios ofensivos varias veces aludidos: la propaganda de los bandidos de la política local. Las del Jaguar Negro, Fundación la Luz de los Pobres, “Eduardo Ramírez casa de enlace legislativo”, Fundación Guirao y etcéteras.


Pueblo Nuevo Solistahuacán.

Continúan ahora camino hacia arriba, para vencer el desnivel profundo del encajonado y el valle anterior; todo por llegar a lo alto de las montañas de Jitotol y Pueblo Nuevo. Arriban a Puerto Caté, puerto de altura efectivamente, punto en el que se separan los caminos: el que traen desde la montaña, rumbo Nororiental; el que va hacia San Andrés Larráinzar, San Juan Chamula y San Cristóbal, rumbo Suroriental; el que va a Bochil y a Tuxtla Gutiérrez, rumbo WSW, y el que ahora toman, a la derecha, rumbo Noroccidental.


Entran al municipio de Jitotol, asiento de la precortesiana Xitoltepeque, “la de la lengua hermosa”, por cuya ciudad cabecera transitan. Adelante pasan a la gasolinería, pues les informan que Solistahuacán carece de una estación de servicio. Se surten de combustible y agua, checan niveles y… avanzan por en medio del jardín, bosque y retiro en que se ha convertido el tramo Jitotol-Pueblo Nuevo. Embellecido con pinabetales entremezclados de liquidámbares, suelos cubiertos de césped, ranchos acondicionados como centros de recreo y camping, todos provistos de cabañas, restaurantes y distracciones, venta de fresas y zarzamoras frescas. Encurtidos y mermeladas.


No está por demás recordar, tal como lo hace Augusto, que Pueblo Nuevo es asiento desde los años sesenta, y quién sabe si no desde antes, del antiguo colegio, hoy centro de rehabilitación física La Yerbabuena; del viejo Colegio Linda Vista de los adventistas del séptimo día, hoy provisto de todos los niveles educativos, universidad incluida, y del Convento de Santa Clara, hermandad religiosa de las clarisas pobres: par institucional de los frailes de San Francisco. No olvidar tampoco, que estos se establecen, a lo largo y ancho de la provincia zoque, recién a mediados del siglo pasado; región del Mezcalapa y todo el estado de Chiapas, de donde se retiran los dominicos fundadores, desde finales del siglo XIX, a raíz de las reformas juaristas.


Llegan finalmente al Real Ramírez, hotel de la entrada de la ciudad junto a la carretera, “reservado previamente por aquello de no te entumas”, como expresa don Augusto. Descansan tantito, se dan una ducha y… ¡A abrir los sentidos para ubicar la cena!, luego a tumbarse a la cama ante el televisor. Cuestión que les resulta como a pedir de boca, pues muy pronto, desde la calle y a lo lejos, escuchan que alguien anuncia algo.


Abren la ventana, paran la oreja, va acercándose el altavoz y algo dice de “lotes servidos” aunque de pronto escuchan clarito: ¡Tamalitos-de’lote-y-elotes’ervidooos! ¡Elotes’ervidos-y-tamalitos-de’loteee! Bajan corriendo hasta la calle, llaman al carrito, y helos ahí, diez minutos después: cenando precisamente elotes hervidos y tamalitos tiernos, en honor a la verdad ¡riquísimos!, tal como dice Clarangélica, aunque deberían llamarlos pictes, piytes, pachitos, patzitos o patzes, para honrar las palabras y la memoria de sus viejos.


Frailes franciscanos en Pantepec. 

Inician jornada nueva, día tercero, 07:30 de la mañana. A la salida del pueblo un Twenty Seven que no Seven Eleven (¡Rarísimo!, por demás extraordinario, señala Augusto), se encarga de rellenar su termo de café por tan sólo 30 pesos. Van camino a Rayón, en donde deben encontrar la carretera que conduce a Pantepec. Van hacia allá, hacia la antigua San Bartolomé Solistahuacán, aunque primero se encuentran con Rincón Chamula, desde hace algunos días nuevo municipio libre, de acuerdo con las reformas introducidas a la Ley Capital. “Pueblo alrevesado y anarquista, igual que sus predecesores tzotziles de San Juan Chamula, de donde emigran”, lee Clarita precisamente, de una columna periodística del diario Cuarto Poder. “Pueblo y autoridades metidas en negocios ilícitos”, escuchan en algún noticiario.


Rijosos o amables… ¡Vaya usted a saber! dice don Augus. Pero la cuestión es que pasan por aquí, área extendida, desde Pueblo Nuevo a Rincón Chamula, en donde a todo el mundo le ha dado por construir cabañas de concreto y madera. Casas “de estilo californiano” afirman sus albañiles, aunque son en general remedos de las que se ven en el medio rural, en el Sur y Oeste norteamericano; todos adefesios extravagantes, contrahechos. Nada que ver con la arquitectura tradicional de la región, formada por corredores, maceteras y pretiles, techos de teja de barro y calles empedradas, áreas de jardín, patio y traspatio. O bien, el uso de materiales propios: roca tajada, piedra de río, adobe y ladrillo; barro y paja; horcones, vigas y tablas, aunque sobre todo tejamanil: las laminillas de pino u ocote, heredad española de la época colonial.


No hay en esta carretera central la señalización adecuada. Hace falta desde hace rato mantenimiento a este tramo precisamente, y para amolar: no se nota la presencia de ninguna policía estatal o federal. Adelante observan cómo una camioneta se bambolea a lo largo del camino por sobrepeso, atestada de personas con mochilas. Lleva incluso, parados sobre la tapa externa, seis adultos y un niño, que a ratos parece que se desgajan y caen hacia el pavimento.


Llegan a Rayón, pueblo de ascendencia zoque, alejada sin embargo de su lengua y quién sabe si no hasta de sus tradiciones. 


lunes, 6 de noviembre de 2017





Respaldamos, Sarelly amigo, coadjutor de la mayor parte de los PERIODISTAS PROFESIONALES en activo, de la región, tu palabra valiente y objetiva, en la cuestión del DIFERENDO con el edil tuxtleco.
RESPALDAMOS y reproducimos tus palabras como si fuesen nuestras. Nos solidarizamos contigo, con el proyecto de NUESTRO Chiapas Paralelo, con la palabra de las y los compañeros periodistas de la revista digital, y en general con el trabajo profesional de quienes ejercen este periodismo crítico, saludable y constructivo. Antonio Cruz Coutiño.


jueves, 24 de agosto de 2017

Cartas de nuestra Rosario.


Rosario Castellanos
En su XL aniversario luctuoso. In Memoriam.

Aunque ya es un libro conocido, apenas hace unos días terminé de revisarlo. Una maravilla editorial: el compendio de las cartas escritas por Rosario, Chayito, Chayota, nuestra Rosario Castellanos. Escritas a su amado y renuente Ricardo Guerra, en el lapso que va de julio de 1950 a diciembre de 1967; aunque a decir verdad, el texto sólo contiene una selección de ellas. Omite su correspondencia de 1958 a 1966. Cartas a Ricardo se intitula el volumen. Fue editado por Conaculta en su colección Memorias Mexicanas (México, 1996) y Elena Poniatowska se encarga del prólogo: introducción o pequeño ensayo donde procura facilitarnos la comprensión de la historia personal de Rosario, los ires y venires de su formación humanística y literaria, pero sobre todo, su fe a veces quebrantada por la perenne insensibilidad del hombre a quien ama siempre, hasta la ignominia.

Mil lecturas diferentes son posibles. Su historia, su vida, la evolución de su lenguaje; sus miedos, traumas y placeres. La raíz más antigua de algunos de sus personajes, el suplicio con que particularmente asume el amor. Sin embargo, me llama la atención cualquier cosa, la más nimia e intrascendente: su paso por la Tuxtla Gutiérrez de los conejos y su viaje de aquí hacia Chapatengo, un segmento pequeño de Los Cuxtepeques. La finca ganadera heredada de sus padres, a orillas del río Grijalva, tan sólo un nombre en la geografía de Chiapas, un lugar al que, a principios de los años cincuenta del siglo pasado, sólo era posible llegar con caballos, bestias y carretas jaladas por bueyes.

lunes, 14 de agosto de 2017

Circos, encanto y magia

© Aunque se encabronen, me encantan. Circo Atayde. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (2010)
Durante mi niñez, al pueblo nunca llegaron circos que anunciaran su presencia con desfiles de bailarinas, acróbatas, payasos y “fieras”, como hacen en las ciudades de buen tamaño. Casi de la noche a la mañana levantaban sus dos o cuatro mástiles, sus toldos de fantasía y la inmensa y redonda mampara, pues no llegaban a carpas.

Coronaban los postes con bocinas y banderas multicolores, echaban a andar su planta de luz, prendían los foquitos como cucayos y comenzaba la fiesta. Desde los altavoces anunciaban que el circo ya estaba ahí, mientras el payaso de naríz colorada y sonrisa eterna alegraba la entrada.

—Niños y niñaaas ­­­­­—se ­­­­­oía una voz como las del box por la radio­—. Señoras y señoreees. Jóvenes y señoritaaas. ¡Ya llegó el circooo! ¡Ya llegó la diversiooon. Somos El Circo de Tres Palos, para servir a Usted. Ya estamos instalados junto al parque central. Traemos caballos, monos, y perros amaestrados. Malabaristas, trapecistas y trepadores. Traemos al payaso Migajitas y a un elenco de preciosas bailarinas. La función da inicio a las siete de la noche. Sieeete de la noche en puntooo. Niñas y niños, un tostón. Adultos uno cincuenta. ¡Ya llegó el circooo! Ya llegó la diversiooon. Niños y niñaaas…

lunes, 24 de julio de 2017

Racismo a nuestro pesar

Los de mi generación, siendo aún pequeños, no reparamos nunca en las formas y comporta­mientos racistas de nuestras familias, incluidos nosotros mismos. 
Me refiero a quienes fuimos niños a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, establecidos a lo largo y ancho del valle del Grijalva, la tierra caliente. 

Nos parecía la cosa más natural del mundo nombrar con las palabras “indio”, “chamula”, “muco” y “cushte” a quienes no vestían ni hablaban como nosotros, así sus ropas fueran más elegantes que las nuestras, y confundiéramos a oaxaqueños con guatemaltecos.

Sabíamos que “bajaban” de la tierra fría, de Los Altos o de La Sierra y que allá vivían a sus anchas. Que venían a trabajar como asalariados en las labores agrícolas, o a “alquilar” tierras de labor bajo el régimen de aparcería. Acampaban en las fincas y en los ejidos entre junio y julio para sembrar maíz, frijol y calabaza, y luego entre noviembre y enero, regresaban a sus pueblos con provisiones y plata.

lunes, 17 de julio de 2017

De chingar y otras chingaderas





Escribo esto pensando en la Rial Academia de la Lengua Frailescana y, aunque no conozco a don Rubén López Cárcamo, me llama la atención un artículo suyo publicado en algún número reciente de la revista Areópago, dirigida por el buen amigo Roberto Molano Ríos. 

El pequeño relato se intitula “El chingolés” y data del 24 de febrero de 2001, por lo que no sabría, a ciencia cierta, si fue retomado de otra publicación o si se trata de la divulgación extemporánea o acaso póstuma de esa nota. Lo cierto es que me intereso en el artículo, del mismo modo como regularmente paso revista a lo que se difunde sobre del habla popular de los mexicanos y en particular sobre Chiapas.

Don Rubén López Cárcamo hace referencia al libro homónimo de un tal Pedro María Uzandiaga y Mendoza, y al de Jorge Mejía Prieto titulado “Así habla el mexicano”, en donde ambos autores dedican algunas páginas al tan traído y llevado “chingar”, el verbo más mexicano y popular de todos los mexicanismos reconocidos hasta hoy, al grado que es pan de cada día en el sur de Estados Unidos, es común su pronunciación en Centro y Sudamérica y ya se escucha, conforme a algunas de sus acepciones, en la propia España. 

lunes, 26 de junio de 2017

Don Armando de Tuxtla Chico



© Armando Parra joven. Discurso y copas.Tuxtla Chico, Chiaopas (c1958)
“Tuxtla Chico, tierra de Dios. En donde se acuesta uno y amanece’n dos”. Sí. Es decir: amanece en dos. Así reza la sentencia que inmortaliza a Tuxtla Chico, en Centroamérica, Chiapas, y el resto del país. Expresión que en verdad la identificó durante mucho tiempo y hasta bien entrada la segunda mitad del siglo pasado. 

Los peones de las fincas, los campesinos de las rancherías y luego los ejidatarios de los nuevos centros de población, siempre fueron los actores de una leyenda negra: siempre los analfabetas pendencieros de borracheras, disputas, reyertas y venganzas. 

Por ello hasta los años 70 en la cabecera municipal se escenificaron eventos innombrables, diversos, inusitados. Y ya no se diga en las noches de los caminos desiertos, o de las fiestas de rancherías y cantones, en donde los machetes y puñales eran portados al cinto, relucían siempre y provocaban mutilaciones y decapitados. Algunos hasta “buena fama” alcanzaron, ante su destreza con ellos, como hasta la fecha se dice de los antiguos vecinos de la ranchería Medio Monte.

lunes, 19 de junio de 2017

Frailesca, flores y cuetes

Qué a toda madre. Hoy se reúnen de nuez los de la Rial Academia de la Lengua Villaflorense, justo el sábado más próximo a la celebración del cristo negro, Señor de Esquipulas. Y escribo “villaflorense” sí, pues villaflorense es por lo pronto esta academia, aunque andando el tiempo frailescana tal vez será, para incorporar a los otros municipios de la región y honrar el título con el que fue nombrada desde su fundación, a principios del año 93, si no mal recuerdo.

Chingona la Rial y chingones sus formadores, en primer lugar porque varios son amigos míos (Marcoantonio, Jorgeluis, Juanjosé, Jorgegómez y Hugocorzo). En segundo porque le han entrado al desquite académico —quiero decir: al tú por tú con la Real Academia de la Lengua Española, con asiento en Madrid—. Y en tercero y principal lugar, por poner en alto el habla popular, no solo de Villaflor sino de toda la Frailesca; de los que nacimos y crecimos ahí, y en toda la franja meridional del Grijalva, desde Chicomuselo en parte y hasta Cintalapa incluso, pasando por Coita, San Fernando y Tuxtla.

lunes, 12 de junio de 2017

El Tenampa y La Concordia



© El famosísimo Tenampa. Servilleta de papel. Ciudad de México (2011)
Para Alma, Irma y Miguel Ángel

Supe del Tenampa y la Plaza Garibaldi por primera vez, cuando tenía once años, o tal vez menos. Por las fotografías que durante algún tiempo conservó mi padre, relativas a su única incursión a éste, el primer antro de mariachis, birria y tequilas del país.

 Fue extraordinaria e incluso inesperada su gira por la ciudad de México, pues nunca ha sido ordinario que las personas sencillas y de escolaridad escasa sean regidores de algún municipio. Cabal lo que le ocurrió a mi padre. Así que fue extraordinaria tal visita: el Ayuntamiento Cuxtepequense encabezado en los años 70 por Márbel Coutiño Guillén —previa venia y salvoconducto del Doctor Manuel Velasco Suárez, entonces gobernador de Chiapas— fue recibido por el Presidente de la República, el inefable Luis Echeverría Álvarez.

Supongo que emprendieron el viaje, aunque no me consta, con el fin de inscribirse al besamanos típico de esos años y agradecer al Entusiasta Señor Presidente, por si algo hiciera falta, la terrible inundación de nuestro pueblo, junto con sus mejores tierras, asiento y comarca de la pequeña ciudad de La Concordia.